Ya ha pasado la media noche y se podría decir que ahora toca la”vuelta a la calma“, después de un largo día todos los integrantes de la gran concentración del Collell 2010 han llegado a sus casas. He querido escribir este artículo hoy, precisamente hoy, aunque el cansancio y el sueño acumulado es evidente pero las ganas por expresar lo que pasa por mi cabeza ganan a este.
En esta semana los jugadores no son conscientes de la experiencia que han vivido en la primera de las concentraciones FEB, en su carrera como jugadores de baloncesto. O mejor dicho como niños de baloncesto, porque es lo que son, niños. Por esta circunstancia se hace más difícil poder pasar página fácilmente; ya no escucharemos al canario diciendo: “vamos chiquillos…“, ni a la canaria: “pónganse la cholas“. Tampoco al melillense poniendo motes a todos los compañeros, o la coletilla del gran Rafa: “que bueno“. Las conversaciones con Oriol, Pol y compañía, la voz melodiosa de Max, el baile de la Gamba de Carles, o las palabras de sabiduría del Tutor de Tutores, el excepcional Paco Torres.

Pero a parte de todas estas cosas hay algo por encima de todo, y es el gran grupo humano que se ha formado una vez más en el Collell. Como dijo alguien que sabe más que nadie de esto -y le doy las gracias por darme la oportunidad que en su día me dio- hay que ser felices. Ese es el secreto, la felicidad del saber que el baloncesto está en todos y cada uno de los niños del Collell, dentro de ellos el baloncesto brota con la única intención de conseguir divertirse y crecer como personas. Nosotros, los entrenadores, somos los que tenemos que potenciar que ese baloncesto que los niños llevan dentro salga a la luz y les haga disfrutar. Es complicado comprender en que momento el silencio te dice más cosas que las explicaciones o las correcciones -yo llevo ventaja en ese sentido con mi amigo Simon- pero eso también es necesario para el jugador.
En esta ocasión no solo había un entrenador, un niño y una niña -también adoptamos en el viaje a Nuria que pertenece a Extremadura- de Asturias, había otro entrenador más. Otro entrenador que resultó ser desde el primer momento un compañero de viaje y un amigo. Desde el primer momento nada más subir al avión, y durante todo el Collell, demostró ser un amante del baloncesto y un amigo. No solo hay buenas personas y entrenadores fuera de Asturias, aquí también los hay y, aunque suene paradójico, nos tenemos que conocer fuera de Asturias…


Esto es el Collell, algo especial. Ahora toca seguir trabajando, para todos y cada uno de los niños que estuvieron disfrutando como verdaderos enanos en algo que será muy especial en sus vidas.
Desde José Silva a todos y cada uno de los responsables del Collell, gracias por hacer grande este deporte.

Fuente: FEB.es



