La palabra “Propiocepción” significa en latín: “conocimiento de sí mismo“; así que se podría definir como “la percepción total que tenemos de nuestro cuerpo en reposo o en movimiento“. Esta percepción del cuerpo nace de la excitación de los múltiples receptores localizados en muchas zonas de nuestro cuerpo como la piel, las cápsulas articulares, los músculos, los tendones o el oído interno; la información obtenida por éstos es llevada a través de los diferentes nervios sensitivos para ser, finalmente, interpretada por los centros nerviosos superiores (bien a nivel del cerebro o bien a nivel de la medula espinal).
Estos distintos receptores pueden ser estimulados por varios tipos de deformaciones mecánicas (presión, estiramiento, elevación, giro, tensión…), las cuales permiten a la persona conocer con mayor o menor precisión la posición relativa de unas partes de su cuerpo en relación a otras y/o de la posición global del cuerpo en el espacio. A esta cadena de tratamiento de la información interna del cuerpo también se le puede llamar retroalimentación intrínseca o cinestésica. Este mecanismo cinestésico es absolutamente fundamental para que todos los movimientos sean coordinados, tanto a nivel voluntario como, lo que es más importante, a nivel involuntario. Pero, ¿por qué puede ser interesante la propiocepción y su trabajo en el baloncesto? Pues…, por varias razones:
• porque se trata de un deporte donde la mayoría de las acciones y de los movimientos de los jugadores son realizados a velocidad alta.
• porque se trata de un deporte sociomotriz en el que las acciones y de los movimientos de los jugadores deben adaptarse constantemente a los de sus compañeros y a los de los adversarios.
• porque las personas que practican este deporte suelen tener que “manejar” grandes dimensiones (brazos y piernas largas).
Por estas razones parece muy importante trabajar esta cualidad en todas las edades, pero especialmente en las etapas de formación de jugadores. Sólo a través de un trabajo constante y planificado podremos hacer que nuestros jugadores y nuestras jugadoras desarrollen sus mecanismos de propiocepción y se conviertan en mejores jugadores y jugadoras de baloncesto.
Una vez dicho todo esto surge inmediatamente una pregunta: ¿cómo se trabaja la propiocepción? Y la respuesta es sencilla: fundamentalmente a través de ejercicios de coordinación, de equilibrio, de cambio de superficies, de toma constante de decisiones…. en los que el jugador o la jugadora de baloncesto tenga que trabajar en situaciones de desequilibrio.
Todos estos ejercicios se pueden llevar a cabo de una manera muy simple con un balón de baloncesto o se pueden ir complicando y enriqueciendo si usamos otros materiales tradicionales como cuerdas, aros, bancos suecos, picas, balones de diferentes texturas, formas y pesos, plataformas……; de lo que se trata es de usar la imaginación para diseñar actividades variadas, motivantes y que desafíen la “propiocepción” de nuestros jugadores y jugadoras.
Ahora bien, los departamentos de ingeniería de las diferentes firmas fabricantes de materiales de entrenamiento se han puesto a trabajar para diseñar materiales específicos para desarrollar capacidades como la propiocepción. Así, en los últimos años hemos visto la aparición de materiales, algunos simples y otros complejos, como los que os describimos a continuación:
• Tablas de equilibrio (balanceboard): se trata de una o dos simples tablas de madera (una para cada pie) a las que, en su parte inferior, se puede añadir otro trozo de madera de diferentes formas y/o grosores para cambiar el tipo de desequilibrio que se provoca sobre la persona que se sitúa encima de ellas.

• Bosu: acrónimo de las palabras inglesas “both sides up“; se trata de una semiesfera de goma que se puede hinchar para que adquiera una mayor o una menor dureza sobre la que se sitúa la persona; se puede usar con la semiesfera por arriba, lo que hace al aparato más estable o con la semiesfera por abajo para que sea más inestable.
• T-Bow o arco multifuncional: se trata de un trozo de madera o plástico duro que está curvado para formar una “u” abierta sobre la que se sitúa la persona; se puede utilizar con la curva hacia arriba, lo que hace al aparato más inestable o con la curva hacia abajo para que sea más estable.
Para la realización de los diferentes ejercicios, a estos 3 materiales “específicos” descritos se les puede añadir cualquiera de los materiales “tradicionales” que hemos mencionado con anterioridad (picas, aros, conos, pesas…..); es cuestión de “usar la imaginación” y crear variantes de ejercicios para trabajar de múltiples maneras la propiocepción.
Para terminar me gustaría aclarar que el trabajo de propiocepción sirve para desarrollar en nuestros jugadores y nuestras jugadoras esta capacidad tan importante para el baloncesto, pero también sirve para prevenir posibles lesiones a nivel de tobillos y de rodillas, o si éstas ya se han producido, recuperar las partes corporales dañadas.






Muchas gracias Javier por hablarnos de la propiocepción en el baloncesto. Es realmente interesante y muy aplicable a todas las edades. Ya que no conlleva un sobreesfuerzo ni cualquier postura que pueda perjudicar al jugador/a.
Espero que les guste esta nueva colaboración.
Saludos.
Hola, Jorge!!!!Cuanto tiempo, jaja.Bueno, espero que te vaya bien todo, tanto con el equipo como en el trabajo. Hace bastante que no te escribo, porque con los estudios y los entrenamientos… no hay mucho tiempo, por aqui todo fenomenal en general.Bueno me despido q tengo q ir a entrenar, jaja.
Un saludo.Brais!
Hola Brais, Que tal todo?? Por aquí todo bien, me alegro que vayas bien tanto con los estudios como con los entrenamientos.
Sigue estudiando y entrenando duro.
Saludos,