Yo no tengo hijos pero…
Mayo 11, 2008Aunque parezca sorprendente el título no lo es tanto, no hace mucho han salido dos artículos relacionados con éste tema. Dichos artículos son de Ettore Messina y de Pepe Laso, en ellos hablan de las experiencias que han tenido con el baloncesto y sus respectivos hijos, además de lo que envuelve a los entrenadores de los jugadores en edades tempranas. A continuación voy a comentar algunos puntos que creo serán interesantes para los visitantes.
Como ayudar a su hijo a convertirse en un deportista profesional por Ettore Messina.
Éstos son algúnos fragmentos que he extraído de la entrevista, para ver el artículo completo pincha aquí.
[...] si tienes la suerte de encontrar un entrenador, no debes apresurarte a hacer a tu hijo un deportista profesional que tiene cuatro o más entrenamientos a la semana, y dedica mucho tiempo al deporte. Personalmente, creo que esto no debería ocurrir hasta que el niño tiene 14 ó 15 años. Jóvenes/niños expuestos a un nivel muy alto de exigencia física, técnica y mental, por lo general, no pueden soportar este tipo de presión. Me gustaría encontrar un entrenador educador para mi hijo, que sea capaz de ofrecer un nivel razonable de desafío a los jugadores jóvenes y desarrolle un tipo de mentalidad de grupo, aunque respetando la personalidad de cada uno.
Sin embargo, esto podría ser una tarea difícil de encontrar para un entrenador. Debido a razones financieras, los niños suelen estar dirigidos por entrenadores jóvenes. A mi me pasó lo mismo [...]
Estoy completamente de acuerdo en lo que comenta Ettore en estas líneas, no se puede pretender que un niño sea un “jugador de élite” y entrenar cuatro entrenos a la semana, ya que los jugadores de este tipo son personas adultas y no niños (hay excepciones, pero no a edades tan tempranas). Si algún “pero” le tuviera que poner a este fragmento sería que no creo que sea función del padre de “encontrar” al entrenador de su hijo, simplemente asumir dicho entrenador y ayudar a que realice su trabajo.
[...] Supongamos que no sé de baloncesto y elijo un entrenador para mi hijo. Los indicadores más importantes para mí serían: a) el humor de mi hijo cuando vuelve a casa tras los entrenamientos y b) el nivel de compañerismo en su equipo cuando veo sus partidos. Si veo que mi hijo llega a casa perfectamente centrado y la mayoría de las veces positivo, y su equipo juega con un buen sentido de compañerismo, para mí esa es la señal de que deberías querer que se quede con este entrenador. Si por el contrario, viene a casa frustrado o se comporta de alguna manera extraña, lo mejor sería que lo dejase y buscases a otro entrenador. [...]
Aquí ya no estoy del todo de acuerdo con el italiano, cierto es que el niño tiene que poder conseguir el punto a) y el punto b). Ya que sería un muy buen síntoma, pero si por la razón que sea no los cumple la solución no es buscar otro entrenador. Porque hay muchos más factores que influyen para el estado de ánimo de un niño, de igual modo que desde mi punto de vista y siendo conocedor de la situación de entrenadores en Asturias eso no es posible (en la ciudad de Ettore entiendo que será posible). Tampoco creo que sea función del padre quitar o poner al entrenador de su hijo, aunque haya ganado la Euroliga, jeje.
El deporte de los niños, Pepe Laso contrasta.
Éstos son algúnos fragmentos que he extraído de la entrevista, para ver el artículo completo pincha aquí.
[...] Me equivoqué muy poco: pequeño, poco musculado, despierto…en definitiva un niño normal como la mayoría de sus compañeros de colegio.
¿Qué le permitió a Pablo (P. Laso) llegar a ser un jugador aceptable dentro del baloncesto español con la genética que describo?, únicamente su PASIÓN desmedida. [...]
Personalmente creo que se necesita algo más que pasión para poder llegar a ser un jugador profesional, ya que son necesarias unas condiciones físicas mínimas. Pero es cierto que la pasión es un plus que los jugadores con carencias utilizan para suplir a éstas.
[...] DIVERTIR es la piedra filosofal en la que deberían apoyarse todos aquellos entrenadores que ejerzan en edades educativas, me atrevería a decir que incluso en las más altas instancias profesionales hay momentos en que los jugadores necesitan de la diversión, me cuesta comprender el porque la profesionalización lleve a convertir un juego en un trabajo desagradable en algunos momentos. Odio la palabra trabajo cuando se la escucho a entrenadores jóvenes y suelo decirles: nosotros jugamos, entrenamos, competimos; en definitiva nos divertimos, nunca trabajamos. [...]
Desde luego, la diversión es importantísima para enganchar a esos niños, por ello, es importante que éstos sean los protagonistas de esa circunstancia. Pero no creo que esté mal definido como trabajo, eso implica una seriedad, un compromiso, en definitiva un trabajo que realizas para conseguir esa diversión pero que a la vez sea educativa y productiva.
[...] Anécdota: jugábamos en Málaga un partido de pretemporada, Pablo tendría 18 años, su pasión le llevó a dar una patada a un cartel publicitario, teimpo muerto, dos mil personas gritándole, le dije: sal corriendo y coloca el cartel, cuando un empleado iba en camino; le grité ¡no le dejes levantar ese cartel, se más rápido!; el público ovacionó su gesto; ya conocemos lo voluble que es la masa. Al paso de los años un afionado malagueño, que por cierto, este año me he vuelto a encontrarlo en la Copa del Rey un día me paró y me dijo: yo sabía que su hijo iba a ser un buen jugador desde el día que levantó el cartel. [...]
Es curioso, pero una situación similar me sucedió como jugador, precisamente jugando contra Ecole donde su mejor jugador era Saúl Blanco, actualmente jugador del Alta Gestión Fuenlabrada de ACB. Lo que pasó fue que mi pasión me llevó a darle una patada a una papelera en un tiempo muerto, dicha papelera salió volando unos metros más allá. Inmediatamente después de ese mal gesto mi padre, J. Luis García, que era el delegado del equipo se acercó a mi y me dijo al oído: “Jorge, la papelera no tiene la culpa, cógela y ponla en su sitio“. Seguidamente hice lo que mi padre me dijo y me enseñó algo más, no es un entrenador profesional pero en ese momento también me formó como jugador y como persona.
Por todo lo comentado “yo no tengo hijos…” pero soy “hijo de…”, y aunque mi final no ha sido como el de Pablo Laso y seguro que también será diferente al de Filippo Messina, el baloncesto me ha enseñado mucho más que saber botar un balón.
Saludos.






Good site! Interesting information.. )
Lubbykko | Octubre 29, 2008 | 10:12 pmGood site! Interesting information.. )
Thank you very much.
Jorge Lorenzo | Octubre 29, 2008 | 10:28 pmThank you very much.